27 de agosto de 2011

Las 4 llantas

Estos últimos días me quedé filosofando sobre el significado de la Iglesia y de la Religión y su importancia en nuestras vidas. Lejos de mí, desear ahora creer en Dios pero es que desde niño, una palabra o una enseñanza no me sale de la cabeza: ¡Saber perdonar! La paz interior pasa para el perdón, perdonar a nuestros enemigos, mismo los que te han hecho algo muy grave. Que te hayan difamado y machucado. Es decir, hay que tener nobleza de espíritu.

En el papel, todo es más fácil. ¿No lo crees? ¿Pero en la práctica?

Es mucha ironía pensar en todo eso ahora que estoy arrodillado en una calle vacía y obscura, intentando pinchar las llantas de este viejo coche. La rabia me llevo a esto y por más que sepa que estoy me comportando de forma cobarde, rencorosa, sin nobleza de espíritu y cometiendo un crimen, nada me impide de sentir un placer infinito. Voy a pinchar los neumáticos de el coche porque la dueña me lastimó, me hizo sufrir y sentirme como un idiota. ¿Como pudo hablar tan mal de mí? ¿Acusarme de asedio sexual? ¿Yo?
¡Yo que nunca la besé! Lo máximo que hice fue acariciarla. ¿Qué hay de errado en eso? Está bien, era mi empleada, mi subalterna. ¿Pero acusarme de asedio, de acoso?

Psiiiiiiiuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu Zazzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz

El primer neumático está listo. Quedan más tres. Levanto el trasero del suelo y doy una mirada alrededor. No hay nadie en la calle. Suerte que ella trabaja hasta la media noche. Pero debo ser más rápido, por que en minutos sale el grupo que trabaja hasta las 11. Y lógicamente, nadie entenderá si me encuentra al lado de un coche viejo y ajeno, pinchando sus llantas. ¿Qué irán pensar de mí? ¿Seré perdonado? ¡Rayos de muchacha que me acusó de oportunista, desleal y viejo verde! ¡Es mentira! Si yo la tuviese ascendido nada de esto estaría sucediendo. Pero ella nunca lo hizo por merecer. Y después de todo, tengo principios éticos y no voy a ascender una mujer bonita y salerosa en detrimento de una mujer fea pero muy competente. Fue lo que hice. Promoví la fea y dejé la linda sin nada. Y ahora estoy aquí pinchando el segundo neumático porque la filistea odió perder el ascenso. Mas nunca le prometí nada. Y en cuanto le rozaba los dedos de su mano, los hombros, el negro de su perfumado y hermoso cabello, nunca hice cualquier promesa de aumento salarial, de crecimiento profesional, de subir en la carrera. Es obvio que si ella hubiese abierto las piernas y dejado acariciar sus muslos, le tendría prometido el cielo, ¡La Gloria! Habría hecho de todo para ascenderla, para darle un aumento, para dejarla feliz.

¡Pero no! Ella no se rindió a pesar de mi insistencia. Vivía todo dolorido sin conseguir caminar por causa de la perra que estaba siempre en celo pero que no me dejaba montarla.
Bueno, ella tuvo lo que merecía. No la ascendí. Ascendí la capacidad, la eficiencia. El logro de resultados y la eficacia. La compañía necesita crecer, vender más, obtener nuevos clientes y cerrar contratos excelentes y la nueva Gerente promete mucho. Ella está bien arriba de la media. Vence de diez a cero a todo el equipo de mongoloides que tengo por subalternos. Es una pobre, en el aspecto estético, pero no se puede desear todo en la vida.

Fiuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu ZUICHHHHHHuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu

El segundo está listo. Nunca pensé que me diera tanto trabajo. Creo que voy a desistir de los otros. Dos neumáticos ya está macanudo. Es lo suficiente para provocar el mayor susto. Tendrá que llamar a la grúa para remolcar el coche y conseguir salir de aquí. Y una grúa a esta hora es peor que taxi en día de lluvia.

¡¡¡JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA!!!

Como estoy feliz. Ella me acusó de acoso sexual, yo contesté indignado, le dije que era mentira y amenacé procesar a todos que me acusasen de tal estupidez, de tal necedad. Felizmente, nada se pasó. Continuo el The Boss y ella, la perra, me pagará caro. Irá trabajar en el almacén y se quedará sin coche. Tendrá que esperar toda la noche. Y nunca sabrá como se poncharon las dos llantas al mismo tiempo.

Me alejo del carro y no hay nadie a vista. Un perro late a lo lejos. Camino despacio para no llamar atención. Paro y miro rápidamente atrás de mí. Allí está el viejo coche con los dos neumáticos perforados. Sacié mi venganza. No es una venganza hollywoodiana. Nada de asesinatos, venenos, cartas calumniosas o llamadas telefónicas anónimas a la media noche. ¡No! Solamente dos neumáticos perforados y vacíos. ¿Y el saber perdonar? ¿Todo lo que aprendí en la infancia en las lecciones de catequismo? Se quedan en el pasado. Prefiero morir a perdonar a la infeliz. Bueno, a mí me gustaba la chola y me siento traicionado.

Cojo mi coche y después de media hora llego en casa. Encuentro una tremenda algazara. La mayor jarana. Pitucos bebiendo de mi vino y del whisky de 12 años. Al fondo veo a mi hija. Está feliz, está radiante. Ella me ve y comienza a dar grititos de placer. Salta a mi regazo y me abraza. Por el olor, ya bebió demasiado. Mal puedo entender lo que dice. Y entre tanto balbuceo, hay un agradecimiento: ¡Mil gracias papá!

Ella no es bonita, ya lo sé. Pero es mi hija, es talentosa y competente y por esa razón fue promovida. Ascendió a Gerente. Mi nueva Gerente.

Salgo de la sala y entro en el baño. Lavo las manos, las froto bien pero las uñas continúan negras de caucho. Desisto, levanto la cara y me miro en el espejo. Veo a un viejo sucio y destrozado que con una de las manos corre la paja y con la otra, aprieta una pústula bien debajo de la nariz.

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